viernes, febrero 17, 2012

A veces las cosas buenas llegan y uno no se da cuenta dejándolas pasar como si fueran algo sin importancia.

jueves, enero 12, 2012

Si olvidas las pausas y vives todo de largo, la vida comienza a perder significado.

martes, enero 10, 2012

Estoy pensando en buscar un lugar, un espacio en la ciudad que podamos secuestrar, donde no exista nada de ti, ni nada de mi para que podamos ser quienes somos sin influencia de nada, neutrales.
Donde puedas ser tú y donde pueda ser yo sin sentirnos atados a los paradigmas de nuestra relación.
Estoy pensando en buscar un lugar, puede ser una banqueta, el cenit de un puente, el camellón de una calle transitada. Pero debe ser un lugar vacío que no signifique nada para que podamos llenarlo de nosotros, de nuestro aliento, de nuestros besos y divagaciones.
Estoy pensando en buscar un lugar que nos traslade a nuestros pensamientos más profundos, donde podamos confesar y mentir, donde el agua sepa a café y las donas no tengan calorías, donde la noche se haga día y el silencio melodías.
Estoy buscando un lugar donde amarte y odiarte sean una misma cosa, donde las lágrimas y las risas se dispersen en la brisa, un lugar para caminar descalzo y que no te ensucie los pies.
Estoy buscando un lugar para vivir contigo, un lugar ideal que quizá nunca encuentre pero que quiero seguir buscando.

jueves, enero 05, 2012

Definitivo, estoy aprendiendo a reservar mi malestar para aquellos que en realidad lo merecen.

miércoles, enero 04, 2012




Durante una siesta de cinco minutos soñé que corría hacia una casa llena cuartos y escaleras sin sentido, que brincaba de una a otra sin importarme la gravedad; sabía dentro de mi sueño que estaba soñando y sentía cada movimiento, cada impulso sensorial a través de todo mi cuerpo.
De pronto empezó a tornase borroso, estaba por despertar y me esforcé por permanecer dormida pero finalmente sucumbí a la realidad.
Aún recuerdo las puertas de madera vieja y despintada que permanecían abiertas y a través de las cuales se asomaban cientos de escalones con losas azules y las pequeñas habitaciones que simulaban recamaras abandonadas con camas sin arreglar.
Todavía siento la adrenalina de mi ser saltando de un nivel a otro sabiendo que nada me dañaría, pero sin conocimiento de hacia donde me dirigía.
Tengo en mi mente la imagen de una puerta grande y pesada al ras de una calle con adoquines a través de la cual, con una maleta llena de no sé que, entre a ese mundo de sensaciones de donde me hubiera gustado no salir y donde espero alguna noche volver a regresar.
Tuve un sueño de cinco minutos.